7 de septiembre. 0.33 horas.

Publicado: septiembre 6, 2010 en Uncategorized

Hay dias que realmente me creo ser otra. Miro por la ventana, la noche está ventosa y después de haber soportado altos grados de calor en los ultimo meses, siento alivio en el rostro. Al otro de la calle, hay un árbol bien cómodo para aquel gato al que saludo cada mañana, al que veo cada noche, y por las tardes duerme la siesta. Tiene un comedero verde claro, y hoy le encontré un buen trozo de salchichón al lado de esté, algo arañado y mordido.
Es un gato delgado, muy delgado. A veces lo veo y creo compararlo con aquél mendigo al que veía cada mediodia leyendo a la poca sobra, uno de esos libros que algún desconocido arrojó envuelto en cascarás de naranjas y sandia.

No soy la que era, ni soy la que seré. El reflejo de mis pupilas en el espejo me regala una belleza que pocas veces me dejo ver.
Voy madurando y mi cabeza recorre caminos diferentes. Me siento y noto como mis pasos adelantan terreno, me veo desde el exterior.

A veces logro salir de mi misma y ser consciente de quien realmente soy.

Amo a la vida, y ello me hace llorar muchas noches. Agradezco a la vida el regalo de poder saborear cada segundo de aire que entra en mi.

Cierro los ojos. Me encanta cerrar los ojos y verme bien delgada, bella, femenina, segura, honesta, sonriente y con un brillo en los ojos encantador.
Tengo una facilidad horrible en la vida, es la felicidad de soñar despierta durante demasiados minutos. Siempre es un momento maravilloso, no es algo festivo, ni feliz, es un momento cariñoso conmigo misma, es un momento en el cual  me veo delicada como una rosa, ni siquiera más delgada, si no sonriente frente a un espejo, sonriente sobre mi reflejo en un escaparate.

…..En verdad no vine aquí para contar como es el gato abandonado de mi calle, ni como es mi deseo femenino ante la belleza. Era algo asi como una visita normalizada, una visita alimentada por otro error. Y es que es asi como ayer volvi a introducir mis dedos en mi garganta y volvi a escupir numerosos trozos de la anterior comida envuelta en litros de agua que anteriormente ingerí para facilitar el pulgamiento.
Es realmente algo así como un ritual, culpa, idea de paz, buscar música que acompañe el momento, dirigirme al baño con una botella grande agua, no encender por nada en el mundo la luz, subir la taza, buscar el filo con la mano y con la otra introducir los dedos en la boca.
Si huele algo, mejor, asi facilita el asco y las ganas de vomitar. Terminado, y repetido varias veces, sin exito de exar ni siquiera una décima parte de lo ingerido, me miro al espejo, agacho la cabeza (nadie le gusta verse con los ojos saltados, rojos y llorosos, con la boca llena de saliva y con la cara descompuesta del esfuerzo), me voy al sillón y lloro sin control ninguno.
Está vez la diferencia fue que dos minutos después llego mi pareja. Me miró, agaché la cabeza, me negaba hablar, el ni sentia…. me abrazó por detrás y quise morirme entre sus brazos. Nos fuimos a la cama y tras más de quince minutos desconsolada, conseguí dormirme entre sus brazos, la sucia candidata a princesa estaba manchada por sus miserables manera de sentirse más bella, la incontrolada candidata a princesa habia, de nuevo, sido frágil como una pluma, de nuevo insegura, insatisfecha, cobarde.

La candidata a princesa, a veces siente que solamente es eso.
Un trozo de carne candidata a princesa.

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