6 de abril.

Publicado: abril 8, 2010 en Uncategorized

He engordado. Es así y debo asumirlo.

No quiero llorar ahora mismo. Me siento mal.
De casualidad y por intuición acabo de averiguar que mañana tengo cita con el endocrino. Ni llamada ni carta. No a mi, pero no se si a mi madre si le llegaron noticias y ni me las comunicó.
No sería la primera vez. Ya lo hizo en su día  y no pude reprocharle nada.

Está semana santa ha transcurrido, por primera vez, sin restricciones. Sólo me pulgué dos veces. Sólo dos. Las únicas dos veces después de comenzar el tratamiento. Grasas y alcohol ha sido lo característico de ella.
Sonreía plácidamente mientras mi paladar, de nuevo, saboreaba cerdo.

Si, justo. El primer bocado fue realmente asqueroso. Incluso podría afirmar que no me llego a gustar. Mojé en salsas para desviar el sabor de la carne roja. Me resultaba realmente desconocido el sabor, como lejano, como nunca probado.

Pasé dos días en casa. Sólo dos.
No hay razones para sentirme querida por ellos. Está vez si me hice de valentía y le dije a mi madre que sentía su egoismo, que sólo pensaba en ella, en ella y después en ella.
Ha sufrido, es cierto. Ha sufrido mucho. Incluso pasó por una depresión. Una depresión a la que odio, una depresión que hundió a mi padre, que hundió a mi casa. Una depresión realmente egoista. Destruyó todo.
Me dejo acabada.
Erá yo quien recibía toda y cada una de las voces, era yo quién debía callarme y madurar. En poco tiempo conseguí hacerme realmente fuerte, casi me daba miedo como asumía la situación de manera tan fría.
No pensaba en mí, me afirmaba que no habia tiempo para mi.

Pero lo único que sacó a mi madre de aquella situación es el sentirse crecida, superior. Había mucho odio y rencor en su mirada, odiaba a todo a quién le contradecía y le había hecho daño.
Ella era la victima de todo. Ella era la pobre, la incomprendida, la que sufría.
¿Los demás? Los demás nos quedabamos sin fuerzas.

Mi padre me arañó más de una vez el alma, y me sentía una mierda ante sus palabras; pero ahora él es infeliz y yo siento pena por él. Si, es pena.
Es bueno. Fue duro, muy duro; pero se hizo débil, realmente débil.

¿Y a mi que me queda? Moriría si me afirmarán que renacería con una familia. Una familia que me amase, que me valorase, que me abrazase, que me escuchase.

Pido perdón por mi rencor. Pido perdón por mi no olvido.
Pero me siento sin ellos, y a la vez no se merecen saber de mi.

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Abril: día 7

-¿Sola?
-Si. Vengo sola.
– ¿Tú madre?
– No sabe nada.
– ¿Tú pareja, una amiga?
– Mi pareja ni se lo imagina. Mi amiga no vino.
Puedo sola.

“Como si caminara por las vias del tren y en solo un paso pudiera ser atropellada por él”. Así fue como la doctora definió mi situación, mi vida, mi enfermedad. A mi misma.

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comentarios
  1. samantha dice:

    pero no tienes que ir hacia ese tren, puedes caminar y dar un rodeo.. tal vez largo..pero entretenido..
    no pidas perdon por tu no olvido, yo tampoco olvido… duele no olvidar..pero si olvidamos solemos cometer los mismos errores…si aun recordàndolos..
    no olvides..
    mejor recuerda…

    y sobre todo recuerda que eres una persona maravillosa
    aunq a veces te result dificil d creer.

  2. No creo que sea la mejor de las ideas hacerlo sola. También sé que es una putada que tus padres no te apoyen, pero busca a una amiga. Yo también he subido de peso y me cuesta aceptarlo… Pero el peso siempre es más duro de llevar sola.

  3. Santika dice:

    Las heridas que hoy aún arden, aunque haya pasado tiempo, en algún momento se secarán. No ha pasado el suficiente tiempo, eso es todo, pero puedo garantizarte que en algún momento ya no te perturbarán, ya no te arderán y, en cambio, podrás entenderlas. No hablo de justificar las acciones de tu familia, no; es más bien cuestión de entender que la vida es difícil para todos, que la depresión no se escoge, que trastorna de tal forma que acabamos jodiendo a los que más amamos. No se puede culpar a alguien por tener cáncer y hacerle la vida amarga a su famila a causa de ese cáncer…. es lo mismo con la depresión… es una enferemdad horrible. Tú, como hija, no eres culpable de los males que aquejaron a tu madre, ni de la mala forma de afrontarlo que tuvieron todos, incluido tu padre. Pero nadie tiene las fórmulas del éxito para los eventos duros de la vida. La mierda ya está, ya fue, y ya dolió, no hay forma de arreglarlo… pero puedes arreglar tu alma, después de la tormenta, después de todo el amargo capítulo de una vida familiar disfuncional. Es tu responsabilidad ahora, tu propia depresión; esa depresión que si no arreglas, que si no controlas, ayudada por todo lo que esté a tu alcance, puede joderle la vida a otras personas, tal como la depresión de tu madre te jodió a ti y a tu padre y a toda la familia.

    Necesitas creer que aún en lo jodido, hay cosas rescatables. Necesitas creer que aunque el daño esté hecho, la perspectiva, la manera de ver y entender ese daño, va a cambiar, puede cambiar si estás dispuesta a ver las cosas en toda su magnitud. Si lo permites, serás capaz de conmiserarte de los demás, de su estupidez, de su debilidad, de sus errores, de su sufrimiento… de su humanidad. Y entonces, podrás perdonar y esas heridas viejas que siguen doliendo y ardiendo tanto, se secarán. Quedarán de recuerdo, pero sin hacer más daño.

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