26 de marzo, 8. 16 horas

Publicado: marzo 26, 2010 en Uncategorized

Todo circula por buen camino, y es que parece como si mi cabeza poco a poco se convirtiera en una lógica coherencia, llena de un realismo no inventado.

Llegue a casa de mis padres, sintieron miedo al trasladarme el hecho de que esa noche comeríamos pescado frito. Si, justo, frito.
– Como lo que se ponga en la mesa. Frito, asado o con patatas. ¿De acuerdo?

Esa fue mi única palabra. Dos trocitos ingerí. Lo siento, enferma, lo siento, pero decirte que no me sentí medio muerta, ni siquiera un cuarto de ello.

Pero no todo a terminado, no todo.


Confíe en ti como real estúpida, te regale mi alma, mi piel, mi cuerpo, mi corazón. Te lo di casi todo.
Penetrarme arañaba mi alma. Es la justo huida de la virginidad, un dolor exquisito. Pero tu no supiste tratarlo.
Confíe tanto en ti que desglosé mis miedos y te los entregue. El asco que lograba sentir por mi cuerpo era sabido por ti;  mi, aveces, poco deseo sexual lo conociste desde el principio. Mis ganas de morir tras cenar , te hice sentirlo.
¿Para qué? Para dejar en mi un sentimiento de inutilidad. No darte tu placer, no darte el justo placer que tu deseabas te hacia de manera egoista afirmarme que todo acabaría. Y eso quedo en mi como una señal de idéntidad.
Quise afirmarme que mi vida era tuya, que yo era tuya. Y que como tal, debería, por obligación propia, lograr pasar cada barrera y entregarme enterita a ti.
Me gritaste estúpido ingrato, y más estúpido es mi hecho de dejártelo pasar.

Huiste. Cobarde huiste. Me dejaste aún más herida.
Una semana corriendo hacia la muerte. Cinco días y dos cucharadas de sopa.Todo se debilitó. Todo.
Pero no, logré saber que mi vida debería seguir, logré levantarme y dirigirme hacia una lucha. Logré trasladar todo mi dolor e irlo limpiandolo poco a poco.

Te olvidé. A ti. Pero aún quedan hojas secas en este jardín. Aún quedan rastrojos en mi.
Rastrojos que limpiaremos. No yo sola.
Ahora debo de superar mis miedos, debo hacer del placer lo que es. Placer.
Olvidarme de una entrega como obligación. Debo saber que amar no es dolor.
Debo saber que pueden amarme y que yo lograré hacerlo.

Deseo tanto pesarme que tengo miedo a ello.

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