No puedo más. No se que le ocurre a mi cabeza. Creo volverme loca.
Llevo años compartiendo piso, pero este año se me está haciendo muy difícil que entre ellos se encuentre mi enamorado. Todo se está yendo al traste, y juro y perjuro que nada tiene que ver con mi enfermedad.
Me he adaptado a comidas copiosas, a noches locas de alcohol, a probar un poco de aquí y otro de allí, todo eso claro sin ni siquiera pensar en ir al baño y echarlo todo por el toilet. Y no por el hecho de no querer hacerlo, sino porque sabes que te van a oír y luego tienes que justificar.
Aquí viene la “palabra clave” del asunto, justificar. Todo tienes que justificarlo, el porqué un día no almuerzas, el porqué todas las noches cenas fruta, el porqué evitas picar lo más mínimo entre horas. Y de buena cara, a la recién llegada, le pones cualquier excusa (quien ha es cómplice de este loco demonio-o ambas (anorexia y bulimia) saben que en el cajón tenemos no una, sino el cajón repleto de excusas) y “cuela”. Sonríes y todo se ha quedado igual.
En cambio con la persona que ya conoce del problema, no cuela, y por no tener que poner excusas estúpidas y al final acabar discutiendo, acabas diciéndote a ti misma: Perdedora, comete eso y el año que viene “Dios dirá”.
Pues bien, así llevo más
de ocho meses, cediendo a mi misma, y he puesto todo y cuando digo todo, me refiero hasta mi propia piel para que nada relacionado con mi enfermedad llevará todo al “traste”, pero como en toda pareja normal, hay miles de puntos en los cuales no debes caer para que todo se rompa. Y por mi parte yace casi muerto.
Queridas amigas y amigos, si hay alguien por ahí que pueda leer esto. Creo que todo se ha muerto. Y esta vez no fue culpa de mi enfermedad y orgullosa me siento de decirlo; por el contrario mi pensamiento anda culpándome de lo asquerosa, gorda, obesa, y mil cosas más que podría decir sobre mi misma.
Que lástima.



